El viaje al trabajo pesa en la decisión laboral
Una encuesta de Bumeran muestra que ahorrar tiempo en traslados pesa en las decisiones laborales. Si cambia la forma de ir a trabajar, también se mueve una pieza histórica de la demanda de transporte.
Durante décadas, ir a trabajar significó también viajar. La distancia entre la casa y el empleo, el horario de entrada y la concentración de actividades ayudaron a organizar horas pico, frecuencias y buena parte de la demanda cotidiana del transporte.
Una encuesta difundida por Bumeran introduce una señal para mirar esa relación desde otro lugar: entre quienes prefieren modalidades híbridas o remotas, el 83% identifica el ahorro de tiempo en los traslados como uno de sus principales beneficios. El tiempo de viaje ya no aparece solamente como un dato del transporte. Empieza a intervenir en decisiones sobre el trabajo.
EL PUNTO DE PARTIDA
El estudio “100% Presencialidad” de Bumeran relevó a más de 3.000 trabajadores y especialistas en Recursos Humanos de Argentina y otros países de la región. En Argentina, el 48% de los trabajadores consultados dijo haber rechazado alguna oferta por la modalidad de presencialidad exigida: 39% por requerir asistencia todos los días y 9% por exigir algún grado de concurrencia.
El dato no mide demanda de transporte ni permite afirmar que esos viajes hayan desaparecido. Pero sí muestra algo anterior a la elección del modo: para una parte de los trabajadores, trasladarse o no trasladarse ya forma parte de la evaluación de una oferta laboral.
Ahí aparece una variable que el sistema de movilidad conoce bien: el tiempo. Una persona no compara solamente tarifas. También compara cuánto tarda, cuánta previsibilidad tiene y qué parte de su día consume el viaje.
Para el transporte público, esa distinción importa. El viaje al trabajo fue históricamente uno de los grandes organizadores de la demanda masiva. Si una parte de esos desplazamientos deja de realizarse todos los días, se concentra en determinadas jornadas o cambia de horario, la demanda también puede modificar su forma.
El fenómeno no significa que el transporte masivo pierda sentido. Plantea otra exigencia: entender mejor cuándo, dónde y por qué las personas necesitan viajar.
También obliga a mirar la competencia entre modos desde una dimensión que muchas veces queda detrás de la tarifa. Frente a dos alternativas posibles, una persona puede elegir la más cara si le devuelve tiempo. Y cuando el trabajo puede hacerse a distancia aparece una opción que antes no existía para muchos viajes: directamente no desplazarse.
EL DATO
83% — ahorro de tiempo en traslados.
73% — reducción de gastos asociados al transporte, comidas, vestimenta y otros consumos.
48% — rechazó alguna oferta laboral por las condiciones de presencialidad.
51% — elegiría un esquema híbrido si pudiera decidir libremente; 41% preferiría trabajar de forma remota y 8% optaría por la presencialidad completa.
Las cifras describen preferencias y respuestas laborales, no cantidad de viajes. Pero ponen en primer plano dos costos que la movilidad suele medir por separado: dinero y tiempo.
LO QUE VIENE
El interrogante para la movilidad no es si desaparecerá el viaje al trabajo. Es cómo cambia cuando la presencialidad deja de ser necesariamente cinco días por semana para una parte de las actividades.
Eso puede alterar horas pico, ocupación de los servicios, frecuencia requerida y distribución semanal de la demanda. Para responderlo hacen falta datos de transporte que la encuesta de Bumeran no aporta: evolución de viajes laborales, comportamiento por día de semana, horarios y diferencias entre actividades que pueden trabajar a distancia y aquellas que necesariamente requieren presencia.
Hay una pregunta que vale la pena incorporar a la planificación: entender por qué alguien decide no viajar también es información sobre movilidad.
