La falta de choferes de camión exige mejorar las condiciones del oficio
Un informe mundial relevó 2,9 millones de puestos sin cubrir en 18 mercados. El envejecimiento, las barreras de ingreso y una actividad difícil de conciliar con la vida personal explican por qué el salario ya no alcanza.
La falta de choferes de camión se consolidó como un problema estructural para el transporte de cargas. El informe mundial 2025 de la International Road Transport Union (IRU), publicado a fines de junio de 2026, identificó alrededor de 2,9 millones de puestos vacantes en los 18 mercados estudiados, equivalentes al 11% de la fuerza laboral analizada.
La investigación abarcó mercados de Europa, Australia, Brasil, China, México y Uzbekistán. No incluyó a la Argentina y, por lo tanto, sus cifras no pueden trasladarse de manera directa al país ni a Santa Fe. Sin embargo, las causas identificadas ofrecen una advertencia para una provincia atravesada por corredores de cargas, actividad agroindustrial y accesos portuarios.
La escasez de conductores ya no depende sólo de la economía
La IRU observó que la falta de personal alcanzó en 2025 su mayor nivel aun cuando se debilitó la demanda de cargas en algunos mercados. Ese comportamiento indica que el problema ya no sigue únicamente los ciclos económicos: está relacionado con el envejecimiento de los conductores, las dificultades para ingresar a la profesión, la infraestructura insuficiente y nuevas expectativas sobre el trabajo.
En Europa, unas 660.500 personas que actualmente conducen camiones podrían retirarse antes de 2030. Al mismo tiempo, jóvenes y mujeres continúan subrepresentados. Las mujeres constituyen apenas el 4% de los conductores europeos, una brecha que limita el universo disponible para renovar la actividad.
El recambio generacional tampoco depende solamente de ofrecer más cursos. Obtener licencias, afrontar el costo de la formación y conseguir la primera experiencia laboral son barreras concretas. Muchas empresas exigen antecedentes de conducción, pero quienes recién comienzan encuentran pocas oportunidades para adquirirlos bajo supervisión.
Por qué un mejor salario no resuelve todo
El ingreso continúa siendo importante, pero la IRU advierte sobre una “barrera salarial”: aumentar la remuneración ya no garantiza por sí solo que una persona ingrese o permanezca en la profesión. También pesan las condiciones de la cabina, la existencia de estacionamientos seguros, el tiempo disponible en el hogar, la previsibilidad de los horarios y el equilibrio entre la vida laboral y personal.
La Organización Internacional del Trabajo vincula la regulación de las jornadas, los tiempos de conducción y los descansos con el trabajo decente y la seguridad vial. Las esperas prolongadas en plantas, puertos y centros de distribución forman parte del problema cuando extienden la jornada real sin mejorar la productividad ni la calidad de vida del conductor.
El oficio conserva una alta responsabilidad: implica trasladar mercadería, custodiar vehículos y cargas, cumplir ventanas horarias y documentación, y afrontar largas permanencias fuera del hogar. Cuando a esas exigencias se suman sanitarios deficientes, falta de lugares seguros para descansar o retornos imprevisibles, la actividad pierde atractivo frente a empleos con rutinas más estables.
Las soluciones requieren coordinación
Las respuestas que aparecen en las fuentes combinan varias políticas. Entre ellas, formación accesible, prácticas iniciales supervisadas, recorridos profesionales claros y acuerdos de inserción laboral. También se propone ampliar la incorporación de jóvenes y mujeres, con instalaciones adecuadas y condiciones que permitan permanecer en la actividad.
La mejora operativa es otro componente. Sistemas de turnos, digitalización de cargas y descargas y mayor coordinación entre empresas, terminales y organismos públicos pueden reducir horas improductivas. A eso deben sumarse playas con seguridad, iluminación, sanitarios, agua, alimentación y espacios de descanso.
Para Santa Fe, el primer paso debería ser medir el problema. Hace falta conocer cuántas vacantes existen, la edad de los conductores, cuánto demora cubrir un puesto, cuáles son las barreras para obtener experiencia y cuánto tiempo se pierde en los principales nodos logísticos. Sin esos datos, sólo puede hablarse de un riesgo basado en una tendencia internacional, no de una crisis provincial cuantificada.
La señal, de todos modos, es clara: formar más choferes sin mejorar el trabajo puede aumentar la cantidad de habilitados, pero no asegurar que elijan la profesión o permanezcan en ella. La solución exige convertir la conducción de cargas en una carrera accesible, segura, reconocida y compatible con la vida actual.
Foto ilustrativa: KOMUnews / Anna Burkart — CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
