El seguro llega al debate sobre los monopatines

El monopatín eléctrico ya tiene reglas para circular en Buenos Aires. No puede superar los 25 kilómetros por hora, el conductor debe tener al menos 16 años, usar casco y contar con luces, frenos y elementos reflectantes. No puede circular por las veredas y, cuando existe ciclovía, debe utilizarla. Lo que no tiene el usuario particular es una obligación general equivalente a la del automotor de contratar un seguro de responsabilidad civil.

Ese es el punto que ahora llegó a la Legislatura porteña. El legislador Facundo Del Gaiso presentó un proyecto para exigir cobertura de responsabilidad civil para los monopatines eléctricos, con foco en los daños que un siniestro puede ocasionar a terceros.

De la novedad a la convivencia

CABA incorporó formalmente los dispositivos de movilidad personal a su Código de Tránsito en 2019. La regulación fijó velocidad máxima, edad mínima, equipamiento y lugares habilitados para circular. En los tramos con ciclovía o bicisenda, los VMP deben utilizarlas; las veredas están prohibidas.

Eso convirtió a las ciclovías en una infraestructura que ya no utilizan exclusivamente bicicletas. Bicicletas convencionales, eléctricas y dispositivos de movilidad personal pueden compartir un espacio con velocidades, aceleraciones, pesos y características diferentes.

El seguro pone otra pregunta sobre la mesa

Del Gaiso fundamenta su proyecto en un aumento de la siniestralidad. Según los datos que expuso públicamente, los episodios registrados habrían pasado de siete u ocho en 2019 a cerca de 80 durante el último año. También estima que actualmente circulan alrededor de 30.000 monopatines frente a unas 7.500 unidades importadas en 2019.

Esos números deben leerse con una precisión: son cifras aportadas por el autor del proyecto y no una serie oficial consolidada de siniestralidad de VMP. La dificultad para dimensionar el fenómeno forma parte del problema.

La pregunta deja de ser solamente si el conductor llevaba casco o circulaba por el lugar permitido. También pasa a ser quién cubre los daños si atropella a un peatón o participa en un siniestro con otro usuario de la vía pública.

La micromovilidad dejó de ser excepcional

El debate porteño muestra una segunda etapa de la micromovilidad. Las primeras regulaciones intentaron incorporar rápidamente un vehículo nuevo al tránsito existente. Siete años después, el problema es cómo integrar esos dispositivos a una infraestructura compartida y cómo establecer responsabilidades frente a terceros.

El proyecto de seguro no modifica por sí mismo la infraestructura ni resuelve los problemas de fiscalización. Pero introduce una cuestión que adquiere importancia a medida que aumenta la presencia de estos vehículos: después de discutir por dónde deben circular los monopatines, la siguiente discusión es qué responsabilidades asume quien los conduce cuando algo ocurre.

Fuentes consultadas

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