Santa Fe busca cómo evitar otra crisis del transporte
Imagen: Ilustración generada con IA para Circulando.
El acuerdo salarial, la nueva suba de los combustibles y un esquema de financiamiento que sigue sin estabilizarse vuelven a presionar sobre los colectivos. Poletti advirtió que el sistema funciona “atado con alambre” y no descartó revisar otra vez la tarifa.
El transporte urbano de Santa Fe entra en otra semana de definiciones después de que el intendente Juan Pablo Poletti reconociera públicamente la fragilidad financiera del sistema, en un escenario donde salarios y combustibles volvieron a moverse casi al mismo tiempo. Las empresas preparan un nuevo estudio de costos tras el acuerdo entre UTA y FATAP y el municipio deberá decidir cómo absorber una cuenta que ya tuvo dos actualizaciones tarifarias durante 2026.
En una entrevista publicada este domingo por Aire de Santa Fe, Poletti dijo que el sistema está “atado con alambre” porque aumentan los gastos, la paritaria y el combustible. También sostuvo que el municipio seguirá buscando alternativas para evitar una interrupción del servicio y dejó abierta la posibilidad de revisar el boleto, aunque advirtió sobre un efecto que la ciudad ya conoce: cuando la tarifa sube, parte de los pasajeros abandona el colectivo.
El problema no puede reducirse al precio del pasaje. Frecuencias, kilómetros recorridos, cantidad de pasajeros, estado de la flota y capacidad de inversión también forman parte de la sustentabilidad del servicio. Un sistema puede intentar cerrar su cuenta aumentando la tarifa, reduciendo costos, recibiendo mayores aportes o recuperando demanda; cada camino produce consecuencias distintas sobre la movilidad cotidiana.
Poletti volvió a cuestionar la distribución de recursos nacionales y sostuvo que Santa Fe continúa aportando impuestos sin recibir un esquema equivalente de asistencia para el transporte urbano. La eliminación del Fondo Compensador del Interior modificó desde 2024 la estructura con la que las ciudades financiaban sus sistemas y trasladó una parte mayor de la discusión a provincias, municipios, empresas y usuarios.
La tensión aparece, además, en un momento en que el combustible vuelve a encarecerse. Para una empresa de colectivos, una diferencia de algunos pesos por litro adquiere otra escala cuando se multiplica por el consumo diario de toda una flota. El acuerdo salarial suma otra variable de peso y obliga a recalcular el costo por kilómetro.
Santa Fe enfrenta así una discusión que excede una eventual nueva tarifa: qué nivel de servicio quiere sostener y cómo repartir su costo sin acelerar la pérdida de pasajeros. El próximo estudio empresario aportará una cifra; la decisión posterior será política, económica y operativa.
