Santa Fe mejora sus calles sin llegar al asfalto
Para quien vive sobre una calle de tierra, la diferencia puede sentirse después de la primera lluvia.
Que pueda entrar una ambulancia, pasar el recolector, circular un remis o simplemente salir de casa depende muchas veces del estado de unas pocas cuadras.
La Municipalidad terminó trabajos de estabilizado pétreo sobre otras 117 cuadras de Cabaña Leiva y El Sabalito. Con esas intervenciones, el programa Santa Fe Barrio se acerca a las 2.000 cuadras mejoradas y acumula una inversión superior a los $5.200 millones.
El impacto sobre la movilidad barrial es concreto.
Pero estabilizar no es pavimentar.
Una solución para poder circular
El estabilizado permite consolidar la superficie, mejorar el drenaje y reducir los problemas que producen el barro, los pozos y las lluvias. Para muchos barrios representa una mejora inmediata respecto de una calle de tierra sin tratamiento.
También es una solución considerablemente diferente de construir pavimento definitivo.
Y ahí aparece una pregunta que merece incorporarse a la discusión sobre movilidad urbana: qué lugar ocupa hoy la pavimentación de calles barriales dentro de las prioridades de inversión de Santa Fe.
No porque el estabilizado carezca de valor, sino porque ambas intervenciones responden a horizontes distintos.
Del mejorado al pavimento
Una referencia reciente es calle Larrea, entre Blas Parera y Peñaloza, cuya pavimentación fue inaugurada en septiembre de 2025 dentro del Acuerdo Capital.
También avanzaron desde entonces obras estructurales sobre grandes corredores, entre ellas avenida Peñaloza.
La comparación permite advertir dos escalas de intervención: grandes avenidas que reciben inversiones de transformación permanente y barrios donde la prioridad inmediata sigue siendo conseguir una superficie transitable durante todo el año.
No necesariamente son políticas contradictorias.
La pregunta es cuánto tiempo debe transcurrir entre una y otra.
Porque eliminar las calles de tierra puede significar dos cosas diferentes: conseguir que puedan utilizarse incluso después de una lluvia o reemplazarlas progresivamente por infraestructura definitiva.
Las casi 2.000 cuadras intervenidas muestran cuánto se avanzó sobre el primer problema.
También permiten empezar a preguntar por el segundo.
