Carsharing: usar un auto sin tener uno propio
El alquiler de vehículos por períodos cortos encontró un espacio propio dentro de las nuevas formas de movilidad. Los datos de uno de los principales operadores muestran más utilización durante 2025 y también una particularidad: buena parte de sus usuarios ya tiene automóvil.
El carsharing propone una relación diferente con el automóvil: utilizarlo cuando se necesita sin necesariamente ser propietario. A diferencia de Uber o Cabify, el usuario conduce el vehículo; y frente al alquiler tradicional, la contratación está pensada para ser más flexible, con reservas que pueden realizarse por horas o por pocos días y una gestión cada vez más digital.
En Argentina funcionan distintas propuestas bajo este modelo. KINTO Share, de Toyota, opera mediante estaciones de retiro y devolución distribuidas en concesionarios, aeropuertos y otros puntos del país. MyKeego permite contratar vehículos por minutos, horas o días y cuenta con presencia en distintos estacionamientos y un acuerdo con el Automóvil Club Argentino.
Los últimos datos disponibles permiten aproximarse al uso que está teniendo esta modalidad. KINTO informó a comienzos de 2026 que alcanzó los 100.000 alquileres acumulados desde su lanzamiento en Argentina en 2020 y que durante 2025 su actividad creció un 25% respecto del período anterior. La empresa había informado además que superaba los 3.000 alquileres mensuales y contaba con más de 100 estaciones en el país.
Los números muestran también para qué se utiliza. Durante 2025 predominaron los alquileres de uno a tres días y los viernes y sábados concentraron la mayor cantidad de retiros. Viajes cortos, escapadas y la posibilidad de retirar un vehículo después de llegar a una ciudad en avión forman parte de los usos registrados.
Rosario aparece dentro de esa tendencia. Según los datos difundidos por la compañía, durante 2025 aumentó un 51% la utilización de la modalidad conocida como fly & drive, mientras que Santa Fe se ubicó entre los destinos con demanda dentro de la red nacional.
Un complemento más que un reemplazo
Uno de los datos más interesantes permite matizar la idea de que el carsharing está dirigido principalmente a personas que decidieron no comprar un automóvil. Según KINTO, el 74% de sus usuarios ya posee un vehículo propio.
El dato sugiere que, al menos en esta plataforma, el auto compartido funciona también como complemento. Una persona puede tener un vehículo urbano y necesitar temporalmente una pick-up, un utilitario o un automóvil diferente para un viaje. También puede recurrir al servicio cuando llega a otra ciudad sin su propio auto.
Esa característica ayuda a entender el lugar que ocupa actualmente el carsharing. No necesariamente reemplaza al automóvil particular, al transporte público, al taxi o a las aplicaciones con conductor. Agrega una alternativa para determinados viajes.
La conveniencia depende del uso. Tener un auto implica costos permanentes de seguro, patente, mantenimiento, cochera y depreciación aunque permanezca estacionado. En el carsharing esos costos forman parte de la tarifa y se pagan solamente durante el período contratado. Para quien necesita un vehículo todos los días, la ecuación puede ser poco atractiva; para usos ocasionales, puede ser diferente.
Una modalidad que necesita escala
El funcionamiento del sistema también depende de la disponibilidad. Para que resulte práctico debe haber vehículos y lugares de retiro suficientemente cercanos. Una red pequeña o muy dispersa obliga al usuario a realizar otro viaje antes de poder acceder al automóvil.
Esa condición ayuda a explicar por qué el desarrollo del carsharing no es igual en todas las ciudades y por qué aeropuertos, grandes centros urbanos y corredores con suficiente demanda aparecen entre sus principales puntos de operación.
Los datos disponibles corresponden a operadores particulares y no permiten medir todavía el tamaño total del mercado argentino. Sí muestran que la modalidad tiene usuarios, una red que se amplió y nuevos hábitos de utilización.
El carsharing introduce así una posibilidad que hace algunos años resultaba poco habitual en Argentina: necesitar un auto ya no significa necesariamente tener que comprarlo.
