Movilidad sustentable y acceso al trabajo: cuando elegir cómo viajar no es una opción
Santa Fe impulsa planes para reducir la dependencia del vehículo particular en los viajes laborales. Pero búsquedas de empleo del Gran Rosario muestran otra cara del problema: fábricas, depósitos y hasta puestos administrativos que exigen movilidad propia para poder acceder al trabajo. El dilema ya no pasa solamente por qué medio elegimos movernos, sino por cuánto podemos realmente elegir.
Hace pocos días, Circulando planteó una pregunta: ¿tener
auto o moto empieza a condicionar el acceso al trabajo? La nota
nació a partir de búsquedas laborales del Gran Rosario en las que
aparecía una condición repetida: “movilidad propia”. No sólo para
vendedores, técnicos o puestos que requieren desplazarse durante la
jornada. También para operarios y tareas que se realizan dentro de una
planta, un depósito o una oficina.
Aquella primera revisión no permitía hablar de una tendencia general.
Sí mostraba algo menos visible: a veces el vehículo no se pide para
hacer el trabajo, sino para poder llegar hasta él. Los horarios de
ingreso, las distancias y la localización de establecimientos
industriales empezaban a explicar parte del requisito.
Ahora aparece otra pieza que permite profundizar el dilema. El
Gobierno de Santa Fe tiene un Programa
de Movilidad Sustentable que incluye una línea específica de Movilidad
al Trabajo. La propuesta busca acompañar a gobiernos locales,
empresas e instituciones en el diagnóstico de cómo se desplazan sus
trabajadores y en el desarrollo de planes que favorezcan el transporte
público, los viajes compartidos y la movilidad activa.
El objetivo oficial reúne dos ideas que deberían ir juntas:
reducir la dependencia del vehículo particular y
mejorar las condiciones de acceso a los lugares de
trabajo. El problema aparece cuando, en la práctica, una
depende de la otra.
El dilema está
en el acceso, no en la intención
Promover viajes más sustentables tiene una lógica evidente. Menos
dependencia del automóvil puede significar menos emisiones, menos
congestión, menores costos y más opciones de movilidad. La propia
Provincia incorpora además la accesibilidad y la inclusión entre los
objetivos de su política.
Pero para dejar el auto o la moto primero tiene que existir una
alternativa razonable. Un colectivo que pase cerca no siempre alcanza:
también debe hacerlo a la hora necesaria, con una frecuencia compatible
y con tiempos de viaje que permitan sostener una rutina laboral. En los
corredores industriales metropolitanos, esa combinación no siempre está
disponible.
Los avisos laborales muestran el otro lado. En febrero de 2026, una
búsqueda publicada por la Municipalidad de Pueblo Esther para incorporar
un operario
de línea de producción en Alvear estableció la movilidad propia
como requisito excluyente. El puesto tenía horario diurno, de lunes a
jueves de 8 a 17 y los viernes hasta las 16.
Un mes antes, otra búsqueda para un auxiliar
administrativo contable de media jornada en Alvear pedía
movilidad propia y carnet de conducir. En el portal de empleo de la
Municipalidad de Rosario, una empresa metalúrgica de Alvear también
incluyó la movilidad
propia entre los requisitos para un cortador de chapas con
láser, junto con residencia cercana a Pueblo Esther.
Son ejemplos. No alcanzan para afirmar que tener auto o moto sea una
condición general para conseguir empleo en el Gran Rosario. Pero sí
permiten identificar un mecanismo concreto: hay puestos donde la
capacidad de trasladarse por cuenta propia entra en la selección laboral
aunque el vehículo no sea, en principio, la herramienta central de la
tarea.
El auto y la
moto como infraestructura privada
Cuando eso ocurre, el viaje al trabajo deja de ser solamente una
consecuencia del empleo. Se convierte en una condición previa para
acceder a él.
El automóvil o la moto funcionan entonces como una especie de
infraestructura privada de acceso al trabajo. El
trabajador resuelve con recursos propios una parte de la conexión entre
su vivienda y el establecimiento: compra o mantiene un vehículo, paga
combustible, seguro y reparaciones, y asume el riesgo cotidiano del
desplazamiento.
No necesariamente hay una decisión empresaria de excluir a quien usa
transporte público. Muchas empresas se localizan donde el suelo, la
logística o la actividad productiva lo requieren; los turnos responden a
procesos de producción y las conexiones de transporte no dependen de
ellas. Pero el resultado puede ser el mismo: si la red pública no
acompaña esa geografía, la solución termina trasladándose al
trabajador.
Tener cómo llegar y tener un vehículo propio no son la misma
cosa. Esa diferencia parece menor en un aviso de empleo, pero
cambia por completo la discusión sobre movilidad sustentable.
Una
política ambiental que también puede ser una política laboral
Ahí el programa provincial tiene una puerta de entrada interesante.
Su propuesta no se limita a decirle a las personas que caminen, pedaleen
o compartan el auto: incorpora a empresas e instituciones al diagnóstico
de los desplazamientos laborales.
Ese diagnóstico puede revelar por qué se usa determinado modo. No es
lo mismo elegir la moto porque resulta más rápida que usarla porque a
las seis de la mañana no existe otra combinación posible. Tampoco es
igual preferir el auto que necesitarlo porque el establecimiento está
fuera de los corredores con transporte público.
Mirar horarios de turnos, procedencia de los trabajadores, recorridos
disponibles, primeras y últimas frecuencias, seguridad de los accesos
peatonales y ciclistas o posibilidades reales de compartir viajes
permite discutir el problema antes de que se convierta en una exigencia
individual. El objetivo deja de ser solamente cambiar hábitos: pasa a
ser construir alternativas.
Antes de cambiar el
modo, asegurar la opción
La política de movilidad sustentable parte de una dirección
atendible: reducir la dependencia del vehículo particular. Los avisos
laborales agregan una advertencia. Para algunos trabajadores, esa
dependencia puede no comenzar con una preferencia, sino con una
necesidad.
Por eso la pregunta que abrió la nota anterior sigue vigente, pero
ahora puede formularse de otra manera: ¿cuánto puede elegir una
persona cómo ir a trabajar cuando tener movilidad propia aparece como
condición para conseguir ese trabajo?
Si la única alternativa real para aceptar un empleo es tener auto o
moto, la dependencia del vehículo particular deja de ser sólo un
problema ambiental. También puede transformarse en una barrera de acceso
al trabajo.
Y ahí el desafío de la movilidad sustentable cambia de escala. Antes
de convencer a alguien de que deje el vehículo, hay que garantizar algo
más básico: que realmente tenga entre qué elegir.
