Un día alcanza para mostrar qué opciones faltan
El Día Mundial sin Auto propone cambiar durante una jornada la manera de viajar. En Santa Fe, la fecha permite una pregunta más exigente: qué alternativas reales tiene una persona cuando decide no utilizar el vehículo particular.
Cada 22 de septiembre, el Día Mundial sin Auto invita a dejar el vehículo particular y probar otra forma de moverse. La consigna parece sencilla. Llevarla a la práctica depende bastante menos de una decisión individual de lo que sugiere.
Para dejar el auto primero tiene que existir otra opción. En Santa Fe esas alternativas son conocidas: colectivo, bicicleta, caminata y combinaciones entre distintos modos. El problema es que no ofrecen las mismas posibilidades para todos los viajes ni desde todos los barrios.
Por eso la fecha puede servir menos para contar cuántas personas dejaron hoy el auto en casa y más para observar qué tan fácil —o difícil— resulta hacerlo.
Una elección condicionada por la ciudad
Una persona puede caminar cuando la distancia es razonable y el recorrido ofrece condiciones adecuadas. Puede elegir la bicicleta si encuentra continuidad, infraestructura y un lugar donde dejarla. Puede subir al colectivo si el recorrido, la frecuencia, el tiempo de espera y el costo responden a su necesidad.
La Provincia define la movilidad sustentable como una política que debe promover transporte público, movilidad activa y compartida, accesibilidad y reducción de emisiones. Esa definición coloca el foco justamente en las condiciones que hacen posible cambiar de modo, y no sólo en la voluntad de hacerlo.
Santa Fe incorporó ciclovías, bicisendas y un sistema público de bicicletas. Al mismo tiempo, el transporte colectivo atraviesa una discusión persistente sobre costos, frecuencias, cantidad de pasajeros y financiamiento. En paralelo, la moto ganó espacio como solución individual para numerosos desplazamientos.
La prueba empieza después del 22
El crecimiento de las soluciones individuales también dice algo sobre la movilidad urbana: cuando las personas necesitan recuperar autonomía sobre sus horarios, buscan el modo que mejor responde a esa necesidad.
El desafío de una política de movilidad sustentable no consiste en conseguir que alguien deje el auto durante un día. Consiste en construir condiciones para que, cuando compare tiempo, costo, comodidad y previsibilidad, encuentre una alternativa razonable.
Ahí la efeméride cambia de sentido. En lugar de preguntar cuántos autos dejamos hoy estacionados, permite formular otra pregunta: qué tendría que cambiar para que mañana no necesitemos utilizarlos en todos nuestros viajes.
