Taxis del servicio público circulan en Rosario

Del rechazo a las condiciones: el taxi discute cómo convivir con Uber y DiDi

El proyecto para legalizar las plataformas de viajes comenzó a discutirse en el Concejo de Rosario. Mientras organizaciones de titulares y choferes mantienen su rechazo, dentro del propio sector aparecen propuestas para limitar la cantidad de autos de las aplicaciones, equiparar controles y revisar las cargas que pesan sobre el taxi. La discusión empieza a moverse: ya no pasa solamente por aceptar o prohibir Uber y DiDi, sino por definir bajo qué reglas podrían competir.

Uber y DiDi ya funcionan en Rosario. La novedad es que el Concejo comenzó a discutir cómo incorporarlas a un sistema legal que hasta ahora reconoce las aplicaciones utilizadas para solicitar taxis y remises habilitados, pero no el modelo de transporte de pasajeros con vehículos particulares.

El proyecto enviado por el intendente Pablo Javkin comenzó a tratarse en la Comisión de Servicios Públicos. La intención expresada por el oficialismo es avanzar también con la Comisión de Gobierno y llevar la iniciativa al recinto durante octubre.

La propuesta modifica la Ordenanza 10.544 e incorpora requisitos para empresas, conductores y vehículos. Quienes manejen deberán contar con licencia profesional, revisión técnica y seguro específico, mientras las plataformas tendrán que registrar e informar al Municipio los autos y conductores incorporados.

También propone una diferencia fundamental según cómo se contrate el viaje. Para los servicios pedidos mediante aplicaciones habría precios variables según oferta y demanda, con un piso equivalente al boleto del transporte urbano. El taxi tomado directamente en la calle conservaría la tarifa regulada por el Concejo.

El proyecto mantiene además espacios reservados para el sistema tradicional y habilita a los taxis a realizar servicios de paquetería. El transporte de pasajeros en motocicletas no está incluido.

Pero una parte importante de la discusión empieza a producirse fuera del texto enviado por el Ejecutivo.

Del rechazo a discutir las condiciones

El sector del taxi no tiene una posición única frente a la regulación de las plataformas.

Representantes de organizaciones de titulares y choferes concurrieron al Concejo para rechazar el proyecto. Plantearon diferencias tributarias, laborales y regulatorias y advirtieron sobre el impacto que una legalización podría tener sobre la actividad.

Sin embargo, junto con ese rechazo comenzaron a aparecer propuestas que parten de otro escenario: qué condiciones deberían establecerse si Uber y DiDi finalmente son incorporadas al sistema legal.

María Eva Juncos, referente de She Taxi, presentó observaciones ante los concejales concentradas en tres puntos: las cargas que soporta el taxi, la cantidad de vehículos que podrían incorporar las plataformas y la responsabilidad del Estado sobre los controles.

El primero introduce una discusión diferente.

Equiparar las condiciones de competencia puede significar exigirles a las aplicaciones obligaciones similares a las del taxi. Pero también puede implicar revisar regulaciones históricas del servicio tradicional que dejaron de tener sentido o que dificultan su capacidad para competir.

Entre los puntos cuestionados aparecen determinados sistemas de monitoreo, restricciones en las formas de contratación, cargas laborales y administrativas y diferencias en los requisitos exigidos a los conductores.

Rosario ya recorrió parcialmente ese camino. Durante los últimos años fueron eliminados algunos costos y obligaciones que pesaban sobre los titulares, mientras el taxi comenzó a incorporar herramientas digitales para solicitar viajes y ofrecer descuentos.

La llegada de Uber y DiDi acelera esa discusión.

Cuántos autos puede absorber la ciudad

Uno de los puntos que todavía deberá resolver el Concejo es cuántos vehículos podrán trabajar mediante las plataformas.

La propuesta presentada por She Taxi plantea establecer un límite a la cantidad de autos registrados.

El argumento no se restringe a proteger económicamente al taxi. Una flota sin límites puede incrementar la cantidad de vehículos circulando sin pasajeros y producir efectos sobre congestión, utilización del espacio público, infraestructura, emisiones y seguridad vial.

La discusión sobre un eventual cupo incorpora así una pregunta de política de movilidad: cuántos vehículos necesita la ciudad para atender la demanda sin generar una oferta excesiva circulando por sus calles.

El otro punto sensible es el control.

Las plataformas deberán aportar información sobre sus conductores y vehículos, pero desde el sector se reclama que el Municipio conserve una capacidad efectiva de fiscalización y que la verificación de antecedentes, documentación y condiciones de seguridad no quede exclusivamente en manos de las empresas.

La diferencia no es menor. Regular una plataforma no consiste solamente en inscribirla: obliga a determinar quién controla después que cada vehículo y cada conductor continúen cumpliendo las condiciones exigidas.

El precio también cambia

La competencia tampoco se limitará a conseguir pasajeros.

Rosario ya permite que taxis y remises registrados trabajen mediante aplicaciones habilitadas y apliquen variaciones sobre la tarifa oficial cuando el viaje es contratado digitalmente y el precio es informado previamente.

El nuevo proyecto profundiza ese modelo.

Cuando el viaje se solicite mediante una plataforma, el precio podrá variar de acuerdo con la oferta y la demanda. Cuando un pasajero detenga un taxi en la calle, seguirá vigente el valor determinado por el Concejo.

Eso introduce una transformación que excede a Uber y DiDi: un mismo vehículo puede quedar sometido a dos mecanismos diferentes para determinar cuánto cuesta un viaje.

La frontera entre el taxi tradicional y las plataformas empieza así a hacerse menos nítida.

Un taxi puede recibir pasajeros mediante una aplicación. Una plataforma puede incorporar vehículos sujetos a requisitos municipales. Y el precio puede depender de la forma en que el usuario contrate exactamente el mismo servicio.

Incluso las propias plataformas comenzaron a buscar al sector tradicional. DiDi lanzó recientemente en Rosario una estrategia comercial destinada a incorporar taxistas a su aplicación, otra señal de que la competencia no necesariamente se organizará entre dos sistemas completamente separados.

Las reglas de la competencia

El Concejo deberá transformar esas diferencias en reglas concretas.

El debate tendrá que definir requisitos para conductores y vehículos, mecanismos de fiscalización, condiciones para las empresas, funcionamiento de los precios y la posibilidad —o no— de establecer límites a la cantidad de autos habilitados.

Pero también abre una discusión sobre el taxi.

Si el servicio tradicional debe competir por el mismo pasajero con vehículos contratados desde una aplicación, habrá que determinar cuáles de las regulaciones acumuladas durante décadas siguen siendo necesarias y cuáles deberían revisarse.

Ahí aparece un cambio significativo respecto de los debates anteriores.

Uber y DiDi comenzaron funcionando por fuera del sistema y la discusión inicial estuvo concentrada en permitirlas o prohibirlas. Ahora que Rosario avanza hacia una posible regulación, una parte del debate empieza a trasladarse desde la existencia de las plataformas hacia las condiciones de la competencia.

El rechazo continúa. También las diferencias entre los sectores involucrados.

Pero ya comenzaron a aparecer propuestas sobre cupos, controles, precios y cargas regulatorias.

La pregunta, entonces, empieza a ser otra:

si taxis, remises, Uber y DiDi van a competir por el mismo pasajero, ¿con qué reglas deberá hacerlo cada uno?


Fuentes: Concejo Municipal de Rosario; Municipalidad de Rosario; proyecto del Departamento Ejecutivo para modificar la Ordenanza 10.544; presentación y declaraciones de María Eva Juncos, She Taxi; declaraciones y presentaciones de organizaciones de titulares y trabajadores del servicio de taxis.

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