Yapeyú achica una calle para ganar espacio público
El proyecto propone reducir de 20 a 12 metros el ancho oficial de un tramo del Pasaje Padre Faustino Míguez. El cambio abre una discusión más amplia: cuánto espacio necesita realmente la circulación vehicular y qué puede hacer una ciudad con los metros que recupera.
Durante décadas, ensanchar una calle fue casi sinónimo de mejorarla. Más calzada significaba mayor capacidad para automóviles, más posibilidades de estacionamiento y, al menos en teoría, una circulación más fluida.
Pero no todas las calles necesitan cumplir la misma función. Una propuesta elevada al Concejo Municipal de Santa Fe para modificar el ancho oficial de un sector del Pasaje Padre Faustino Míguez, en barrio Yapeyú, permite mirar esa discusión a escala concreta.
El proyecto plantea llevar el ancho previsto de 20 a 12 metros y reorganizar el espacio resultante alrededor de un sector donde se proyecta equipamiento público. No se trata solamente de achicar una calle: la pregunta es qué hacer con los metros que dejan de reservarse para la circulación vehicular.
Una calle no es solamente su calzada
El espacio comprendido entre dos líneas municipales puede distribuirse de distintas maneras: carriles de circulación, estacionamiento, veredas, árboles, drenaje, infraestructura ciclista o espacios de permanencia.
La decisión depende de la función que cumple cada vía dentro de la red. Una avenida estructural necesita capacidad para transportar grandes volúmenes. Una calle de escala barrial puede requerir velocidades menores, mejores cruces peatonales y más superficie para otros usos.
Reducir el ancho destinado a la circulación no significa necesariamente reducir movilidad. Puede significar cambiar prioridades.
Ocho metros abren otras posibilidades
La diferencia entre los 20 metros previstos y los 12 planteados para el pasaje es significativa. Ese espacio puede permitir ampliar sectores peatonales, mejorar accesibilidad, incorporar vegetación y ordenar la relación entre la calle y los nuevos equipamientos.
También puede contribuir a reducir velocidades. El ancho disponible influye sobre el comportamiento de quien conduce: una calle amplia y despejada tiende a habilitar velocidades mayores, mientras que una sección más contenida puede inducir una conducción más lenta.
Quién recibe el espacio
El caso de Yapeyú permite discutir una cuestión que suele quedar oculta cuando se habla de tránsito: el espacio vial es limitado.
Cada metro destinado a circulación o estacionamiento no puede utilizarse simultáneamente como vereda, arbolado, espacio de permanencia o infraestructura para otros modos. Eso no implica eliminar al automóvil, sino decidir cuánto espacio corresponde asignarle según la función de cada calle.
El contexto define si funciona
Una reducción de calzada tampoco es positiva por definición. Para evaluar una intervención de este tipo hay que conocer los volúmenes de tránsito, los accesos de emergencia, la circulación de vehículos de servicio, el estacionamiento y la conexión con las calles próximas.
También importa qué actividades se localizarán alrededor. Un centro de salud u otro equipamiento público genera peatones, bicicletas, motos, automóviles, ambulancias y personas con dificultades de movilidad. El diseño debería responder a esa diversidad.
Menos calzada no necesariamente es menos movilidad
Una ciudad no transporta automóviles: transporta personas. Una vereda más ancha, un cruce más corto, un árbol que dé sombra o un acceso sin barreras también son infraestructura de movilidad.
El proyecto deberá atravesar la discusión institucional correspondiente y demostrar que la nueva configuración funciona para ese lugar específico. Pero deja planteada una pregunta útil para el resto de Santa Fe: ¿todas las calles necesitan conservar el máximo espacio posible para los vehículos o algunas pueden devolver parte de ese espacio a la ciudad?
Fuentes: Municipalidad de Santa Fe · Concejo Municipal de Santa Fe
