Autos autónomos: ¿Argentina llega tarde a una discusión que ya empezó?
Mientras los vehículos sin conductor ya operan comercialmente en algunos mercados, Argentina incorporó la conducción autónoma a su normativa en 2025. La distancia entre permitir la tecnología y estar preparados para utilizarla sigue siendo enorme.
Durante décadas, el vehículo autónomo perteneció al terreno de la ciencia ficción. Hoy la discusión cambió: la pregunta ya no es si un automóvil puede desplazarse sin que una persona maneje permanentemente, sino dónde, bajo qué condiciones y quién responde cuando algo sale mal.
Argentina tampoco está completamente afuera de ese debate. El Decreto 196/2025 modificó la reglamentación de la Ley Nacional de Tránsito e incorporó expresamente los vehículos autónomos, definió niveles de automatización del 0 al 5 y estableció que los sistemas autodirigidos deben contar con autorización de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.
Una cosa es autorizar y otra estar preparados
Tener una definición legal no significa estar cerca de contar con servicios autónomos cotidianos. Un vehículo autónomo necesita cartografía precisa, señalización interpretable, infraestructura vial previsible, conectividad, mantenimiento y reglas claras para situaciones que el tránsito presenta permanentemente.
Allí aparece la distancia argentina. Calles con demarcaciones deterioradas, señalización heterogénea, obras temporales, diferencias entre jurisdicciones y comportamientos difíciles de anticipar construyen un escenario distinto del laboratorio tecnológico.
La autonomía obliga además a responder una pregunta jurídica fundamental: ¿quién es responsable cuando ya no hay un conductor tomando todas las decisiones? Propietario, fabricante, desarrollador del software, operador de la flota y aseguradora pueden entrar en una discusión que el modelo tradicional de responsabilidad vial no tuvo que resolver de esta manera.
No estamos tan temprano como parece
El error sería esperar a que los autos autónomos lleguen masivamente para comenzar a discutirlos. La regulación puede necesitar años de pruebas, adaptación de seguros, homologaciones, infraestructura y coordinación entre jurisdicciones.
El Decreto 196/2025 ya permite que la autoridad determine modos de conducción autorizados para cada vía y emita autorizaciones con restricciones geográficas y de velocidad. Para el nivel 5, la aprobación inicial está prevista de modo experimental antes de una autorización definitiva.
Argentina presenta así una paradoja: la norma empezó a abrir la puerta antes de que nuestras calles estén preparadas para atravesarla. La discusión no debería reducirse a cuándo veremos un auto sin conductor circulando por Rosario o Santa Fe, sino a qué tendría que cambiar en nuestras ciudades para que esa tecnología pueda funcionar con seguridad.
